¿Maldición de las materias primas?

http://beta.americaeconomia.com/revista/151215-%C2%BFMaldici%C3%B3n-de-las-materias-primas.NotaRevista.note.aspx

16-10-2008Debates

Chile podría crear una política de ayuda y cooperación internacional.
por Javier Santiso

Javier Santiso: Director y economista Jefe, Centro de Desarrollo de la OCDE.

A corto plazo, el aumento de la cotización de las materias primas es una ganga para muchos países en vías de desarrollo que dependen en gran medida de ellas. Sin embargo, a más largo plazo, esta dependencia se hace problemática, como señalan con insistencia economistas y expertos que apuntan a una multitud de efectos perversos inducidos por este repentino maná .

No obstante, la “maldición” de las materias primas no es ineludible. De hecho, un gran número de países de la OCDE rebosan petróleo y minerales, como Noruega, Australia o Canadá. Todos han sido capaces de capitalizar esta “bendición”, tanto desde un punto de vista comercial e industrial como presupuestario. Estas economías son, por lo demás, democracias florecientes, lo que demostraría que la abundancia de petróleo y minerales no es sinónimo de plutocracia y autocracia. En un país como Noruega, durante las tres últimas décadas, el PIB por habitante se ha incrementado considerablemente y ha pasado de un 90% de la media de la OCDE a más de un 150% en la actualidad.

En los países en vías de desarrollo, los casos como éste son más excepcionales. En América Latina, la historia de los países ricos en petróleo y gas, como Venezuela o Bolivia, ilustra las dificultades a superar, entre los escollos populistas y las tentaciones vinculadas a las rentas. En Venezuela el petróleo se ha convertido prácticamente en el único producto de exportación (85% del total en 2007) y genera hoy más de un tercio de los ingresos del Estado. Pero en los últimos años, este maná no ha permitido mejorar los indicadores de desarrollo y ha inducido una deriva populista del presente régimen, dirigido por un antiguo militar, Hugo Chávez.

Pero a estos ejemplos pueden contraponerse excepciones sorprendentes, incluso en América Latina. Chile es una de ellas. Hoy es el principal productor y exportador mundial de cobre. Su tasa de crecimiento ha sido durante mucho tiempo comparable a la de sus homólogos asiáticos y alcanzó una media superior al 7% en los años 86-89. Mediante la capitalización de su maná, el país ha conseguido diversificar su economía y reducir los niveles de pobreza hasta mínimos históricos. En 1973, el cobre concentraba cerca del 90% de las exportaciones del país, frente a un 40% al principio de esta década. En cuanto a la pobreza, ha pasado de cerca de un 40% a principios de los 90 a menos de un 13% en 2008.

La clave de un éxito como éste, y como el de los homólogos de Chile del seno de la OCDE, se debe ante todo a la calidad de las instituciones y de los hombres que se han sucedido al mando de las políticas económicas. Como Noruega, Chile se ha dotado de instrumentos e instituciones presupuestarios ejemplares. Los dos países disponen de fondos soberanos, o equivalentes, que funcionan con transparencia total y reglas claras. En 2006, una nueva ley de responsabilidad fiscal sustituyó en Chile los fondos de estabilización del cobre por dos fondos equivalentes, cuyos activos acumulados suman, en 2008, más de US$17.000 millones.

No obstante, Chile no dispone (todavía) de una política de ayuda y cooperación internacional fundamentada en esta competencia y estos recursos. En cambio, Noruega ha hecho de ella una piedra angular de su cooperación internacional, poniendo el acento en cuestiones de gobernanza y de puesta en práctica de capacidades institucionales en los países receptores de su ayuda. Propuestas como éstas para países en vías de desarrollo pueden parecer paradójicas. Cabe recordar, sin embargo, que numerosos países emergentes, como China, India, Sudáfrica, México, los Estados de Oriente Medio o incluso Brasil, en América Latina, desarrollan actividades de cooperación internacional.

De hecho, Chile dispone de una competencia que podría compartirse con una legitimidad aún mayor, dado que ha sabido gestionar con éxito su maná y es un país emergente y en desarrollo. La ayuda y cooperación internacional chilena podrían centrarse en un segmento comparable al de Noruega, es decir, vinculado a sus materias primas. Podría crear un Instituto Mundial del Cobre, futuro lugar de intercambio de conocimientos, formación e investigación orientados a crear valor añadido a partir de esta industria. Una entidad como ésta tendría una vocación nacional e internacional. Una vez más, Noruega muestra, mediante su política industrial, que es posible capitalizar y desarrollar industrias punteras basándose en las materias primas. Así, Noruega dispone en la actualidad de líderes en los campos de los explosivos, la industria sísmica o los petroleros.

El caso de Chile sigue siendo excepcional. Como prueba de esta trayectoria, está en vías de ingreso a la OCDE. Este país emergente podría ejercer de punto de referencia para otros, contribuyendo así a desmitificar la maldición de las materias primas para los países en vías de desarrollo. Compartir sus conocimientos e ingeniería de políticas económicas e innovaciones institucionales, así como la puesta en marcha de una política de cooperación internacional específica e innovadora, podría contribuir a esa búsqueda de un mundo mejor de la que hablaba Karl Popper.

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