Hidroeléctricas en Río Madera deben ser mixtas entre Bolivia y Brasil

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ALAI, América Latina en Movimiento
2007-02-24
Bolivia
Ricardo Ángel Cardona

La amazonía boliviana necesita urgentemente energía barata para su desarrollo integral, sólo Riberalta, una ciudad de 150 mil habitantes, tiene 20 plantas de procesamiento de castañas, decenas de aserraderos y procesadoras de carne de pescado y vacuno. El turismo de aventura y científico en ríos y lagos y viajes en líneas aéreas comerciales necesitan creciente atención energética, tanto de electricidad como de diesel, gasolina y GLP.

La amazonía boliviana tiene actualmente la energía más cara del mundo, a razón de cuatro bolivianos el kwh. Es decir que con este coste de la energía difícilmente se podría hablar en años venideros de un despegue de la economía amazónica. Las telecomunicaciones sufren también.

Desde Trinidad y puerto Villarroel se hace llegar a la zona amazónica, por el río Mamoré, hidrocarburos y GLP en cantidades cada vez menos suficientes. Si la amazonía deberá tener futuro industrial que le corresponde, comercial, tecnológico y turístico de masas, entonces ha llegado el preciso momento de planificar las necesidades energéticas de la región.

Lo mismo se puede afirmar de Brasil con los estados de Rondonia, Acre y Amazonas en primer lugar, y por detrás los dos Matto Grossos. Son estados que rodean a Bolivia y tienen las misma lógica, tanto las capitales La Paz y Brasilia, como Cochabamba, Santa Cruz, San Pablo y Porto Alegre, los tienen abandonados por falta de financiamiento para su desarrollo integral.

Tal es el sentimiento común de estos departamentos, provincias y estados abandonados, que entre ellos se integran como pueden y festejan las mismas fiestas patrias y cívicas de ambos lados, especialmente en Acre y Corumbá que se siguen sintiendo bolivianos.

Ante esta realidad, unida al hecho de que de verdad la amazonía constituye una sola realidad ecológica y humana, encargada por derecho propio y abundante vegetación de purificar el aire contaminado de carbono proveniente del mundo industrializado, se debería tomar en serio por ambos países y gobiernos el plan de construcción hidroeléctrica en el río Madera, en el límite común formado a partir de confluencia en Guayaramerín de los ríos bolivianos Beni, Madre de Dios y Guaporé o Itenez. Río Madera es uno de más importantes afluentes del gran Amazonas.

Bolivia no debería oponerse a este proyecto en principio, sino más bien negociar participación del mismo en forma conjunta, de tal manera que esta hidroeléctrica o varias construidas en el futuro, sean propiedad de ambos países. Es decir de usufructo común a 50%. Lógicamente teniendo en cuenta los impactos ambientales negativos generados, los cuales deberían ser mitigados o eliminados con las precauciones necesarias. Sin energía la amazonía no tiene futuro.

Actualmente la deforestación es grande en la amazonía, debida a quema de “chacos” o terrenos de cultivo, como por explotación desmedida de árboles comerciales. En ambos casos la amazonía retrocede en tamaño vegetal, o sea en su tercera dimensión espacial.

Una de las formas de parar esta depredación forestal permanente y continua es procurando energía eléctrica barata a la zona, que reemplazaría a quema de leña o cáscaras de castaña. Precisamente en la empresa eléctrica de Riberalta se quema diesel y cáscaras de castaña, generando polución en dióxido de carbono y ayudando al calentamiento del planeta. Las hidroeléctricas no producen dióxido de carbono o azufre y evitan el efecto invernadero.

Ecologistas y fundamentalistas de ambos países aluden que se crearían lagunas artificiales muy grandes y desaparición de vida silvestre. Estos impactos ambientales negativos son reales, pero se los puede y debe combatir con cuidado y planificación, convirtiéndolos en factores positivos para la región y el planeta. Como, por ejemplo, creación de nuevos hábitats para pájaros, anfibios y mamíferos. Los insectos se desplazan poco a poco a zonas vecinas.

Entre Bolivia y Brasil se debe fundar centros de investigación biológica y genética de alcances universales en cuanto a sus resultados. Descubrimientos en genética y biología podrían ser aprovechados para conseguir mayores inversiones de Fundación Verde, NN.UU. y otras instituciones ecologistas. Es un mundo científico y tecnológico de grandes proporciones que convendría negociar como parte de los costos en construir hidroeléctricas.

Si la represa en el río Madera será de dos millones de Kw de potencia, entonces un millón de Kw hora y año de energía, se podrá utilizar en territorio boliviano. Es una cantidad de energía que convertiría a la amazonía boliviana en zona de mayor potencial industrial, científico y turístico que Santa Cruz y Tarija, por ejemplo. Estaría garantizado el desarrollo integral que abarca manufacturas, minería, agro-industrias, viviendas, telecomunicaciones y turismo.

Ante posiciones en contra por parte de instituciones y organizaciones de ambos lados de la frontera, se debe argumentar que la amazonía tiene un desafío histórico – como lo dijera Víctor Paz Cerruto en su libro “Desafío Amazónico” – y es el de elevar la calidad de vida de sus habitantes. Actualmente vivir en la amazonía boliviana significa aceptar bajas condiciones de salud, higiene, provisión de agua potable escasa y energía cara.

En tratados internacionales de paz entre Bolivia y Brasil desde 1867 y 1904 se menciona taxativamente que Bolivia tendrá acceso a todo el amazonas en forma libre y espontánea, hasta llegar al océano Atlántico vía río Madera. Y que Brasil necesita solicitar permiso para emprender obras de envergadura en zonas fronterizas, como las del río Madera y Guaporé precisamente. Ha llegado pues el momento de viabilizar estas obras hidroeléctricas en forma sostenible, siempre que Bolivia sea socia y se beneficie con energía barata para su desarrollo.

Acuerdos de desarrollo conjunto firmados recientemente entre presidentes Lula y Evo, deben servir ante todo a la zona amazónica por su importancia endógena y para la humanidad toda. Bolivia y Brasil deben demostrar al mundo que planifican en forma sostenible el desarrollo amazónico, con criterio científico y ecológico. Deben demostrar a la conciencia mundial que la hidroeléctrica del río Madera tiene más beneficios y fortalezas que daños y debilidades a futuro.

Es una tarea que requiere que cientos de científicos, ingenieros, técnicos y profesionales de ambos lados de la extensa frontera de 3.500 km., se sienten civilizadamente en una mesa para analizar planes de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, en forma ecológicamente sostenible.

Otros países amazónicos como Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela Bolivariana y Guayanas están convocados a complementar esta integración sudamericana y unidad amazónica sostenible. Con próxima construcción del Gasoducto Sur todos tienen algo que decir y proponer al respecto.

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