Más crecimiento no trae felicidad

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AYERNegocios

Un estudio del BID en América Latina confirma que, paradójicamente, en los países con mayor crecimiento económico la gente está menos satisfecha con su calidad de vida.
por Eduardo Coronado, Santiago

Las cifras de crecimiento no son proporcionales al nivel de satisfacción de los habitantes, revela un estudio del BID.

Santiago. Los ciudadanos de Chile, Perú y Ecuador, países que han experimentado un crecimiento acelerado en los últimos años, se encuentran menos satisfechos con sus vidas que aquellos cuyas economías evidenciaron poco o ningún crecimiento, como es el caso de El Salvador, Paraguay y Guatemala.

Este es uno de los sorprendentes resultados de un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) difundido este martes y que se basó en encuestas realizadas a cerca de 40 mil personas en 24 países de América Latina y el Caribe sobre cómo perciben ciertos aspectos clave de sus vidas, entre ellos la calidad de la educación, salud, vivienda y empleo.

El informe “Mas allá de los hechos: Entendiendo la calidad de vida”, señala que los niveles de satisfacción no son necesariamente los más altos en los países más ricos, en aquellos donde se brindan los mejores servicios sociales, o en los de mayor crecimiento. Así, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay mostraron niveles de satisfacción de vida moderados, y se ubicaron detrás de países con menor ingreso per cápita, como Guatemala, Colombia y Jamaica.

Atención con las expectativas. ¿Qué ocurre con los ciudadanos de países con mayor crecimiento económico? El estudio dice que a menudo están “menos satisfechos con sus condiciones de salud, vivienda y empleo, y con los servicios educativos proporcionados por sus respectivos gobiernos”. El informe destaca que los chilenos son los menos satisfechos en relación con esas condiciones.

En el otro extremo, los ciudadanos de Costa Rica se encuentran entre los más contentos con esos servicios. Ellos y los habitantes de Panamá, México y Venezuela expresan los mayores niveles de satisfacción de vida en la región.

Según los autores del estudio, esta verdadera “paradoja del crecimiento infeliz” plantea que el crecimiento económico acelerado hace que las aspiraciones de las personas por un mejor estilo de vida crezcan aún más. “Los gobiernos que concentran sus políticas únicamente en el crecimiento, están destinados a perder apoyo si no responden a las altas expectativas que surgen en áreas como la educación, la salud y la distribución de ingresos”, explica Eduardo Lora, economista jefe interino del BID y coordinador del informe.

Para Lora, otro aspecto central que los gobiernos y líderes de la región deben tener en cuenta es lo que denomina “paradoja de las aspiraciones”. A nivel individual, los ciudadanos de menores ingresos de cada país reflejaron mayores niveles de satisfacción en relación con la educación, la vivienda, el empleo y la salud, “una indicación de que la falta de aspiraciones y bajas expectativas debilitan las demandas de los pobres por una mejor educación, servicios de salud, y protección social”.

Una de las formas de enfrentar ese conformismo, sostiene el economista, “es entregar mayor información e incluso contribuir a generar insatisfacción sobre algunas realidades para mejorar el estado de cosas”. “Los gobiernos deben preocuparse de interpretar las opiniones de la gente para transformar y orientar las políticas públicas al bienestar colectivo”, agrega Lora.

Desafíos. Al comentar el informe del BID, el economista y ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alejandro Foxley, planteó que para cambiar las percepciones de insatisfacción y conformismo que evidencia el estudio los gobiernos de la región deben en primer lugar tener “capacidad de anticipación” y de esa forma enfrentar las nuevas demandas por mejorar la calidad de los servicios públicos.

“Lo que ocurre en nuestros países es que están cambiando las raíces de la cohesión social. Hoy la vida se vuelto más individual y competitiva, por lo tanto lo que empieza a predominar es la movilidad social económica. Es decir, importa poco lo que ocurre a mi lado, yo quiero estar mejor y que mis hijos estén mejor que yo mañana”, sostuvo Foxley.

El ministro chileno explicó que los países de la región necesitan contar con un sistema de protección social, pero con movilidad laboral. “Se trata de tener un fondo que permita que la gente quede cubierta frente al impacto de la cesantía, pero que permita que pueda recurrir con facilidad a éste cuando se va a cambiar de un empleo a otro”, dijo.

Sin embargo, reconoció que eso no basta y que el informe del BID deja claro que los latinoamericanos están demandando movilidad hacia arriba. En su opinión, el tradicional enfoque que pone el énfasis en atacar las desigualdades es errado. “Las personas quieren que alguien le garantice que en su ciclo de vida las condiciones de ellas y de su familia van a mejorar”, afirmó. Para ello, Foxley agregó que también es fundamental generar igualdad de oportunidades “desde la cuna hacia arriba” y que son correctos los reenfoques hacia programas de cuidado infantil y estimulo temprano. “Ahí se pueden atacar más de raíz los problemas de desigualdad”, concluyó el funcionario chileno.

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