Integración: una misión casi imposible en América Latina

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AYERPolítica

La falta de voluntad política está oxidando los engranajes del Mercosur y la Unasur como mecanismos de cooperación en medio de la crisis financiera global.
por Pablo Jamett

Santiago. Una sigilosa disputa por liderazgos políticos y desencuentros en materia comercial, amenazan con desbaratar los oxidados mecanismos de cooperación e integración en el Cono Sur, en momentos en que la región comienza a sentir los efectos de la crisis financiera global.

Si bien la mayoría de los analistas coinciden en que los bloques multilaterales de la región -como el Mercosur, y la recién creada Unasur-, debieran destacar como espacios de acuerdo y resolución de conflictos con el fin de capear el temporal, la evidencia muestra que estos mecanismos institucionales se encuentran en cortocircuito.

El fracaso de las negociaciones para eliminar el doble cobro del Arancel Externo Común (AEC) es apenas el último eslabón de una cadena de desencuentros comerciales en el Mercosur. Este gravamen hace que bienes procedentes de terceros países paguen una tarifa común al llegar a un país del Mercosur, y si es reexportado dentro del bloque se debe pagar la tarifa por segunda vez. Pero este lunes, en la antesala de una cumbre de mandatarios del bloque que se realizará en Brasil, los países no lograron alcanzar un consenso para eliminarlo.

La cancillería brasileña daba como un hecho que se concluirían las negociaciones, como figuraba en la agenda de la reunión. “Es una pena, hicimos el máximo esfuerzo” para concluir el acuerdo, se lamentó Celso Amorim, canciller de Brasil. La eliminación de la doble tributación –uno de los tantos temas en carpeta– era negociado hace años por el bloque y Brasil se comprometió a acelerar las conversaciones cuando asumió su actual presidencia pro témpore del bloque. “La continuidad del doble cobro del AEC va a dificultar mucho negociaciones con otros bloques, sobre todo con la Unión Europea, que en todas las negociaciones que tuvimos (…) siempre acentuó el hecho de no haber libre tránsito de mercaderías en el Mercosur”, agregó.

Talón de Aquiles. Para Patricio Navia, cientista político y académico de la Universidad de Nueva York y la Universidad Diego Portales, este tipo de desencuentros no hace más que descubrir el talón de Aquiles del bloque. “No existen mecanismos de resolución de conflictos al interior del Mercosur”, señaló a AméricaEconomía.com. Una herramienta indispensable teniendo en cuenta que Argentina y Brasil tienen un historial de roces en el plano comercial.

“Ambos países tienen políticas sustancialmente distintas”, agrega el argentino Claudio Fantini, analista internacional, dando crédito a la tesis de que las economías más grandes del bloque anteponen sus intereses comerciales por sobre el beneficio completo del Mercosur. En el último enfrentamiento, en el marco de la OMC, Argentina no aceptó una mayor liberación comercial por causa de la crisis, mientras que Brasil se mostró dispuesto a reducir el proteccionismo. Un botón de muestra de posiciones que hasta ahora no parecen confluir.

Unasur, sólido debut y frágil futuro. Quizás por eso Brasil apostó por la creación de otro organismo multilateral en el Cono Sur: la Unión de Naciones Suramericanas, cuyo primer desafío fue bajar la tensión política en Bolivia, azotada por una ola de violencia entre opositores y oficialistas y que terminó con una matanza en el distrito de Pando. En ese contexto, el logro del organismo fue encaminar el conflicto por los canales institucionales que correspondía, para evitar mayor derramamiento de sangre.

En opinión de Fantini, si bien la Unasur tuvo éxito, éste se debió en gran medida a la actuación de la diplomacia brasileña. “Una postura adecuada y equilibrada de Itamaraty, sumada al liderazgo de Bachelet, determinó el fin del conflicto”, señaló el analista en diálogo con este medio.

Pero por estos días Unasur enfrenta la definición de la presidencia del organismo. El ex presidente argentino Néstor Kirchner ha logrado dar un impulso importante a su candidatura, pero surgió un problema inesperado: la abierta oposición de Uruguay. Tabaré Vásquez ha expresado su rechazo al liderazgo del ex mandatario argentino debido a que durante su gobierno tuvieron fuertes desencuentros por la instalación de industrias pasteras supuestamente contaminantes del lado uruguayo.

“Kirchner aplicó una política de bloqueo en contra de Uruguay”, dice Fantini, refiriéndose a los cortes y protestas en puentes que unen a Uruguay y Argentina, una crisis que ya lleva más de dos años y que ha tenido importantes costos económicos para el comercio. El gobierno uruguayo ha radicalizado su posición amenazando con su salida del organismo si Kirchner llega a la presidencia.

Este hecho puntual, sumado a la disputa por el liderazgo que encabeza Venezuela, enciende las alarmas respecto de la fragilidad de Unasur. Fantini va más allá, planteando que el surgimiento de caudillismos regionales se está convirtiendo en la nueva piedra en el camino de la integración.

Ante tal escenario, el analista señala que es imprescindible que la región mire hacia modelos similares en otras latitudes. “China, Japón y Corea han tenido enormes conflictos, al igual que los países de la Unión Europea, pero han sabido anteponer la cooperación a las disputas”, dice. Una receta que bien podría ser el aceite que necesitan las oxidadas piezas del engranaje de la integración regional.

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