Gazprom y el fin de una ilusión

http://www.lostiempos.com/noticias/07-01-09/editorial.php

No es casual que el gobierno haya dejado de mencionar la “nacionalización” en sus campañas propagandísticas. Es que cada día que pasa, el fracaso de esa medida se hace más evidente

Durante los últimos días, se ha podido notar un giro en el tono y la forma de los discursos gubernamentales cuando de hablar de la situación hidrocarburífera del país se trata. Súbitamente, han desaparecido los términos desafiantes con que a lo largo de casi tres años las autoridades se dirigían a las empresas petroleras. Ya nadie les dice que si no están conformes se vayan, y tampoco se anuncia con la soltura de antes supuestas alternativas para sustituir las inversiones que dejaron de ejecutar.

Hasta hace poco, como es fácil recordar, las advertencias que hacían expertos en la materia sobre la falta de inversiones que ocasionaría la “nacionalización” de la industria de los hidrocarburos, eran respondidas con desdén. Se decía que los nuevos amigos de Bolivia como Venezuela, Irán o Rusia, llenarían gustosos y sin dificultad ese vacío y con mucho entusiasmo se preveían cuantiosas inversiones. Especialmente, se alentaban grandes expectativas sobre la posibilidad de que Gazprom, la principal empresa petrolera rusa y una de las más grandes del mundo, invirtiera miles de millones de dólares en Bolivia.

Sin embargo, esas ilusiones se esfumaron. De la noche a la mañana, el gobierno tuvo que reconocer que no hay quién se apiade de nuestro país, que nadie está desesperado por invertir en él, lo que deja abiertas sólo dos posibilidades: desandar lo andado en el proceso nacionalizador, de modo que las empresas extranjeras vuelvan a pensar en traer sus capitales, o asumir nuestra total soledad, destinando las Reservas Internacionales Netas para resolver el problema por nuestros propios medios.

¿Qué fue lo que ocasionó tan abrupto viraje? La respuesta la encontramos en un reportaje publicado el 29 de diciembre pasado en el New York Times, según el cual Gazprom está al borde de la quiebra y no tiene los recursos suficientes ni siquiera para mantener sus actividades en su país de origen. Según indica el mencionado informe, Gazprom está implorando al gobierno ruso para que le conceda un fondo de rescate de 5.500 millones de dólares para evitar su paralización, en vista de carecer de recursos hasta para pagar sueldos a sus empleados.

¿Qué llevó a la empresa rusa a tan calamitosa situación nada menos que después de haberse beneficiado con los mejores precios del petróleo de la historia? Simplemente, una pésima administración en la que las razones políticas sustituyeron a las técnicas y económicas cuando había que tomar decisiones. Un caso parecido al de PDVSA en Venezuela.

Ante ese panorama, no parece casual que el gobierno haya dejado de mencionar la “nacionalización” en sus campañas propagandísticas. Es que con cada día que pasa, el rotundo fracaso de esa medida se hace más evidente y las posibilidades de contrarrestar sus negativas consecuencias, más remotas.

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