La tragedia de YPFB

http://www.la-razon.com/versiones/20090107_006600/nota_246_742029.htm

Ramiro Prudencio Lizón*

El presidente Evo Morales se ha esmerado en levantar la moribunda YPFB con el fin de tener el control de los hidrocarburos de la nación. Actualmente ha llegado incluso a manifestar que tiene previsto usar las reservas internacionales netas del Estado para invertir en la industrialización del gas.

Parecería que Evo Morales y su gobierno masista no tuviesen conocimiento de nuestra historia, pues YPFB es una antigua entidad estatal que nunca pudo convertirse en una empresa eficiente; sino que desde su fundación, hace más de ochenta años, siempre ha sido un lastre para el país.

Cabe recordar que YPFB surgió de la caducidad del contrato con la Standard Oil, en mayo de 1937, debido a que ésta no aceptó cooperar a Bolivia durante la Guerra del Chaco, pese a que al final del conflicto se tuvo que combatir en los mismos campos de su concesión. La empresa estatal nació, pues con el apoyo mayoritario de la nación. Pero el entusiasmo y la simpatía no pueden suplir al frío capital y a la indispensable tecnología. Por estas causas, en sus primeros veinte años de actividad su producción de petróleo fue muy reducida.

Si Bolivia devino a ser un país petrolífero de América del Sur fue gracias a otra transnacional, la Gulf Oil, empresa que no sólo probó que el territorio nacional es rico en hidrocarburos, sino que ayudaba, además, a nuestra endeble entidad nacional para que pudiera subsistir. Pero el espíritu de estatalismo dominante desde la conclusión de la Guerra del Chaco determinó que en 1969 se la nacionalizara, pese a su pujante trabajo y a sus grandes proyectos futuros.

En verdad, la empresa estatal pudo usufructuar por algunos años de los beneficios de la explotación anterior de la Gulf, sobre todo cuando se produjo en el mundo una fuerte alza de los precios del crudo. No obstante, por su carencia de tecnología y capital, tuvo que ver cómo se reducía su producción de petróleo pese a los grandes préstamos que se obtenían para ella.

Tuvieron que pasar treinta años de la nacionalización de esa empresa norteamericana para que surgiera nuevamente una riqueza de hidrocarburos en el país, pero esta vez fue gas y no petróleo. Hubo esperanzas de que Bolivia llegase a ser el segundo país sudamericano generador de ese fundamental elemento energético. Pero los desvaríos nacionalistas del gobierno masista que han determinado la refundación de YPFB y una supuesta nacionalización de dicho elemento, otra vez han desquiciado las inversiones extranjeras, las cuales, al sentirse desprotegidas, sin garantía jurídica, han determinado un compás de espera que está paralizando a la nación.

Si deseamos que Bolivia sea nuevamente un país petrolífero y gasífero de importancia en el continente, es imprescindible que se implante una verdadera revolución económica, superando el cáncer de la estatización que tanto daño ha hecho en el pasado y efectuando una eficaz política inversionista. Al respecto, según el distinguido periodista Humberto Vacaflor, el Gobierno habría dispuesto que las distintas empresas extranjeras que trabajan actualmente en la producción de hidrocarburos no necesariamente tendrán que convertirse en sólo “prestadoras de servicios” de la entidad nacional, sino que podrán continuar explorando y explotando dichos recursos energéticos.

Esa noticia es alentadora, pero para que se concrete cabalmente sería preciso dejar de lado esos anhelos de crear una gran empresa estatal del petróleo. YPFB fue un fracaso en el pasado y lo será en el futuro. Y como muestra se tiene al acuerdo entre ella y PDVSA para explotar hidrocarburos al norte de La Paz; acuerdo leonino porque la entidad nacional debe aportar capital, lo que no sucede con las demás empresas extranjeras que cubren ellas solas los gastos de exploración y explotación.

Lamentablemente, la propuesta del presidente Morales de convocar a un referéndum para usar las reservas internacionales con el fin de capitalizar a YPFB sólo servirá para empobrecer más a la nación, en un momento en el que se sufre una grave crisis económica mundial; ello puede provocar una gran inflación como la padecida entre los años 1982 y 1984, que puso a Bolivia al borde de un caos económico y social.

*Ramiro Prudencio L.
es diplomático e historiador.

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