Ni energías ni caso

http://www.la-razon.com/versiones/20090107_006600/C_246.htm

William Kushner *

Mientras las campañas se intensifican se van notando más claramente, con ayuda de los análisis y debates políticos, las inconsistencias de la propuesta constitucional que, sin embargo, tiene más visos de ser aprobada en el próximo ejercicio electoral.

A favor del Gobierno están, entre muchos otros aspectos y técnicas de manipulación electoral —que han cumplido hace pocos días cincuenta años de desarrollo y efectividad—, una oposición desarticulada, devastada y decapitada producto del discurso populista; aquel que legitima su accionar por defecto y acusación permanente a sus adversarios. Por su habilidad para plantear ante la opinión pública debates de suma cero, donde el bueno y el malo son cuestión de mercado: marketing y etiquetas. Donde el error y los posibles delitos son justificados con sermones que distorsionan el sentido de las instituciones (el arreglo óptimo y el compromiso mutuo) además de otros gestos que terminan en el insulto, el chantaje o la venganza y las lágrimas cual complejo de inferioridad.

Tiene también a su favor una considerable parte del contexto internacional más preocupado y arrepentido por sus asuntos y problemas propios que hoy tienen al mundo en vilo e indisposición. Pasivo y paciente de lo que pueda pasar y confundiendo la imposición y la coacción que se suceden en algunos países sudamericanos con aquellas nuevas y brillantes ideas posliberales que prevén la aún incierta o efectiva reconfiguración de la política y el poder mundial.

A su favor también, vecinos en pujante desarrollo y prosperidad (los no populistas) y unas transnacionales muchísimo más pragmáticas que nunca. Que son conscientes de la interdependencia y que no se detienen ni tienen reparos ideológicos a la hora de aterrizar. Ya no interesan las instituciones ni la calidad democrática sino ser de quien manda, en lo posible y con el mayor esfuerzo, su mejor amigo.

Tiene a su favor un aspecto no menos importante: la sofisticación del liberalismo democrático (y el conformismo de algunos de sus intelectuales) que exige pensar y no sólo sentir. La frialdad de la estética liberal que no promete dádivas ni regalos. Son reglas de igualdad, proporcionalidad y libertad que exigen talento a la hora de orientar las vías del desarrollo y administrar el poder, y que son ciertamente inservibles cuando reina el resentimiento y la prepotencia.

Ante la brutalidad de la desigualdad es inevitable —y sería inhumano no sentir—, pero sentir sin pensar y delegar poder a costa de erosionar las instituciones democráticas tendría que ser un asunto un poco más meditado.

De su lado también cuenta la capacidad de desinformación y movilización social, además del mucho dinero ajeno que entra y sale sin declarar.

Dicen, quienes conocen al presidente, que Morales es un buen tipo. Ojalá que en algún pequeño momento de humildad reconozca que todo el poder que ha acumulado ha servido hasta ahora sólo para enfrentar. O mejor dicho, que ha acumulado poder solamente enfrentando.

Es difícil creer que todo esto hacía falta para gobernar distinto (y mejor) al pasado y terminar en el mismo lugar. Sin necesidad de una nueva Constitución se han violado todas las normas e instituciones, cooptado todos los poderes y patrimonializado el mismo Estado con distinta gente, pero igual de abusiva e incompetente. Siempre harán lo mismo con la glorificada.

Ni energías ni caso al proyecto de Constitución.

*William Kushner
es especialista en Opinión Pública.

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