Alarma por el gas

http://elnuevodia.info/versiones/20090109_007693/nota_245_743441.htm

Editorial

Todas las alarmas del gobierno han saltado tras el anuncio de Brasil de reducir casi a la mitad las compras de gas de Bolivia. Los envíos al principal mercado del gas boliviano bajarán de 31 millones a 19 millones de metros cúbicos diarios, la cantidad más baja desde que se empezó a exportar, en 1999.

Una comisión de tres ministros ha viajado de emergencia a Brasil para tratar de evitar ese extremo, aunque el titular de Hidrocarburos, Saúl Ávalos, se dejó traicionar por la desesperación y afirmó que le ofrecerán a Argentina el gas que dejarán de comprar los brasileños, dejando entrever así que la decisión de Petrobras puede ser irreversible. Lo del bisoño dignatario, no sólo refleja nerviosismo, sino también un absoluto desconocimiento de la industria gasífera nacional, pues la capacidad de transporte hacia el mercado argentino no llega a los ocho millones de metros cúbicos diarios.

El problema para Bolivia es tremendamente serio, pues de consolidarse la caída de las exportaciones, no habrá más remedio que bajar la producción de gas y con ella también se reducirá la extracción de líquidos como el diesel, gasolina y gas licuado, hidrocarburos que ya son escasos en condiciones “normales”. El desabastecimiento puede ser dramático si el gobierno no decide inmediatamente la importación, hecho que ya se veía venir desde hace meses.

El argumento de Brasil para explicar esta drástica reducción tiene que ver con el funcionamiento pleno de sus plantas hidroeléctricas gracias a la crecida del nivel de las aguas que las alimentan. Si eso fuera todo, el drama podría extenderse por unos cuatro meses, pero no hay que olvidar que desde que se produjo la traumática nacionalización boliviana y sobre todo, desde que Bolivia se convirtió en un proveedor inseguro, el país vecino inició una agresiva política para incrementar su producción de gas y reducir así la dependencia de Bolivia. Es posible que esa realidad comience a golpearnos muy duro. Por eso es que hablar de represalias de Petrobras, como lo han hecho algunos miembros del gobierno es, cuando menos, una ingenuidad.

Lo que ha ocurrido en realidad es que Bolivia se durmió en sus laureles y el MAS hizo todo lo posible para ahuyentar las inversiones y también los mercados. Si se cumplen los pronósticos que visualizan los expertos después de esta mala noticia que llega de Brasil, la industria gasífera nacional podría sumirse en una debacle. Para el MAS, las consecuencias políticas serían nefastas, con una reducción de casi el 70 por ciento de la renta petrolera, factor en el que además incide la caída del precio del petróleo. La inversión pública, el bono Juancito Pinto y la renta Dignidad se verán comprometidos, pese a que el Gobierno trata de negarlo. Sobre el desabastecimiento de combustibles conviene no especular, pero lo sucedido durante todo el año 2008 sirve para dar una idea de lo que le espera al país.

El problema para Bolivia es tremendamente serio, pues de consolidarse la caída de las exportaciones, no habrá más remedio que bajar la producción de gas y con ella también se reducirá la extracción de diesel, gasolina y gas licuado, hidrocarburos que ya son deficitarios en condiciones “normales”.

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